Por un Fiscal General sin compromisos

Uno de los secretos del sistema político mexicano es la mecánica de la extensión del poder.

 

Qué es lo qué hay que hacer para que una nueva administración no afecte a la anterior y evite hurgar actos de corrupción pasados y no prescritos, ya que de forma cuidadosa hasta la caducidad del delito se ha calculado, para descargo de la tranquilidad de los gobiernos corruptos que nos han antecedido en la historia.

 

En este tramo final del sexenio, Peña Nieto tiene una preocupación, sabe que el PRI no gobernará por obvias razones, por eso debe armar posiciones políticas que lo favorezcan -como se pone en las lápidas de las tumbas- a perpetuidad.

 

Pero como lo perpetuo no existe en política, se cambia lo perpetuo por lo extenso y la extensión del poder se vuelve promesa, premio, escudo y sello de garantía de impunidad. Después de todo, la impunidad premia al delito, induce a su repetición y le hace propaganda. Estimula al delincuente y contagia su ejemplo.

 

Después de haber transitado por el poder absoluto, no hay mejor retiro, ni más tranquilo, que el retiro impune.

 

Su plan A, será poner al siguiente presidente. Su plan B, negociar con el siguiente, si no el perdón, por lo menos el olvido. Su Plan C, será dejar a alguien encargado de la lucha contra la corrupción, con la idea perversa que desde ahí, la suya sea inalcanzable.

 

Luego entonces, el Plan C, se llama Raúl Cervantes.

 

El hoy procurador, Senador con licencia, diputado plurinominal dos veces. Hombre del PRI y del Verde. Oriundo del Estado de México y el grupo Atlacomulco, es, si nadie se opone, el futuro rostro de Peña cuando éste se desvanezca.

 

Si este hombre resulta ser el Fiscal Anticorrupción por 9 años, tendremos que pensar en la manera legal de cortarle el vuelo, ya que seguro hoy, bajo las condiciones prevalecientes, nadie tendrá la fortaleza de evitarlo.

 

Quien ocupe la Fiscalía General del Estado debe de ser un hombre o una mujer que una a todos los sectores, los jurídicos y los políticos pero también en la sociedad y en especial entre quienes estamos indignados por la enorme corrupción que está ahogando al país.

 

Todos sabemos que la corrupción se ha convertido en el principal mal de nuestra nación, de ahí se deriva el narcotráfico, la delincuencia, el saqueo a las cuentas de los estados y del país y sobre todo se garantiza la impunidad.

 

Uno de lo signos que podrían enderezar la nave sería nombrar en la fiscalía a una persona que garantice la aplicación de la ley con la máxima de quien la hace, la paga. Es fundamental encarecer la corrupción, que quien defrauda en un puesto público o un empresario busque beneficiarse dando dádivas, sea castigado.

 

Para eso debemos contar con una persona proba en todos los aspectos y de ante mano Raúl Cervantes está descreditado.

 

Durante varios años hemos buscado en México una instancia de justicia que responda a las principales demandas de la sociedad, una de las salidas que siempre se aplicaron fue la creación de comisiones especiales dentro del Congreso de la Unión. Ahí pararon casos como los homicidios de Colosio y Ruiz Massieu; o como el Pemexgate o Amigos de Fox; hasta el caso del socavón y de la relación Pemex – Odebrecht sin que nada se haya resuelto, en muchas ocasiones esas comisiones sólo se convirtieron en un circo.

 

Si buscamos un país de leyes, es tiempo ya de que desde el Congreso y desde la sociedad empecemos a separar a la política de la justicia.

 

#JuntosporMéxico #PoderparaHacer

 

@PedroFerriz

 

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